Existe una frase que se repite en conferencias, reportes corporativos y artículos: "los activos más valiosos de las empresas modernas son los intangibles". Es cierta. Estudios recientes muestran que más del 80% del valor de mercado de las grandes empresas listadas en bolsa proviene de activos intangibles: marcas, patentes, software, know-how, relaciones con clientes, datos.

El problema es que entre afirmar esto y actuar en consecuencia hay una distancia importante. Muchas empresas reconocen el valor estratégico de sus intangibles, pero su gestión cotidiana sigue ocurriendo en silos desconectados: el área legal protege marcas, el área de I+D registra patentes, el área de marketing construye reputación. Pocas veces existe una mirada integral que conecte estos esfuerzos con la creación de valor económico.

¿Qué significa "crear valor" en intangibles?

Crear valor en un activo intangible es producir las condiciones para que ese activo genere flujos económicos defendibles, ya sea por uso interno (mejorando márgenes), por monetización externa (licencias, ventas) o por reconocimiento contable (en balance, en transacciones).

No es lo mismo "tener" un activo intangible que "crear valor" en él. Tener una marca registrada no es tenerla bien posicionada. Tener una patente concedida no es tener una patente con potencial comercial demostrable. Tener software desarrollado internamente no es tener software con valor de mercado.

El valor de un intangible no es una condición que el activo "tiene", sino un resultado que se construye con decisiones tomadas a lo largo del tiempo.

Cuatro frentes para gestionar el valor

1. Identificación y registro

Lo primero es saber qué intangibles existen en la organización. Suena básico, pero es sorprendente la cantidad de empresas que no tienen un inventario actualizado de sus activos intangibles. Si no se identifican, no se gestionan; y si no se gestionan, su valor económico se pierde por desuso, por falta de protección o por imposibilidad de monetizarlo.

2. Protección legal

La protección no es un trámite, es una inversión estratégica. Decidir qué marcas registrar en qué territorios, qué patentar y dónde, qué proteger como secreto industrial, qué documentar como derecho de autor: cada una de estas decisiones tiene consecuencias económicas concretas. La protección bien hecha es la condición para que el valor exista.

3. Documentación de uso y desempeño

Un activo intangible vale por lo que genera. Y para demostrar lo que genera, hay que documentarlo. Esto incluye registros de ventas atribuibles a la marca, métricas de adopción del software, contratos de licencia, ingresos por regalías, evidencia de diferenciación en el mercado. Sin documentación, una valoración técnica posterior pierde piso.

4. Monitoreo y actualización

Los intangibles no son estáticos. Una marca puede crecer o erosionarse; una patente puede volverse irrelevante por nuevas tecnologías; un software puede quedar obsoleto. La gestión activa implica revisar periódicamente el portafolio: mantener lo valioso, dejar caer lo improductivo, invertir en lo que tiene potencial.

Por qué la valoración técnica importa

La valoración técnica de propiedad intelectual no es un evento aislado que ocurre cuando se quiere vender un activo. Idealmente, es una práctica recurrente que cumple varias funciones: documentar el cumplimiento contable (NIC 38), preparar la organización para transacciones futuras, dar visibilidad económica al trabajo de las áreas de innovación, sustentar decisiones de inversión.

Empresas que valoran sus intangibles de forma técnica y recurrente toman mejores decisiones sobre qué proteger, qué desarrollar, qué licenciar y qué descartar. La valoración deja de ser un trámite y se vuelve una herramienta de gestión.

¿Listo para conocer el valor de tus intangibles?

Una primera conversación con nuestro equipo te permite identificar oportunidades concretas en tu portafolio.

Solicitar diagnóstico →