Muchas empresas creen que su portafolio de propiedad intelectual se reduce a las marcas registradas y, si acaso, alguna patente. La realidad suele ser más rica: en cualquier organización mediana o grande conviven decenas de activos intangibles que cumplen los criterios técnicos para considerarse propiedad intelectual, pero que nunca han sido inventariados como tal.

Identificar estos activos es el primer paso para cualquier ejercicio posterior de gestión, protección, valoración o monetización. Sin inventario, no hay estrategia posible.

Las cinco categorías que conviene revisar

1. Signos distintivos

Marcas (denominativas, figurativas, mixtas, tridimensionales), nombres comerciales, lemas comerciales, denominaciones de origen. Aquí entra todo lo que la empresa usa para identificarse en el mercado y diferenciarse de competidores. Una marca no es solo el logo: incluye sub-marcas, líneas de producto, identificadores secundarios, marcas internacionales.

2. Creaciones técnicas

Patentes de invención, modelos de utilidad, diseños industriales, esquemas de trazado de circuitos integrados, obtenciones vegetales. Estas son las creaciones que la empresa ha registrado (o podría registrar) ante oficinas de propiedad industrial por su carácter novedoso o por su valor funcional.

3. Creaciones artísticas y de software

Derechos de autor sobre obras literarias, audiovisuales, fotográficas, musicales, arquitectónicas. También software desarrollado internamente, bases de datos estructuradas, documentación técnica con originalidad propia. En muchas empresas el software interno es el activo intangible más valioso y, paradójicamente, el menos documentado.

4. Secretos industriales y know-how

Procesos de fabricación, fórmulas, recetas, métodos de gestión, listas de clientes con valor diferencial, estudios internos no publicados, configuraciones operativas que generan ventaja competitiva. Para que un secreto industrial sea jurídicamente protegido necesita cumplir tres condiciones: ser secreto, tener valor comercial por serlo, y estar bajo medidas razonables de protección.

5. Activos relacionales

Contratos de licenciamiento, franquicias, acuerdos de exclusividad, listas de clientes contratadas, relaciones con distribuidores. Estos son intangibles que vienen aparejados a la actividad comercial y que muchas veces tienen reconocimiento contable propio bajo NIIF.

El inventario de PI no es un documento legal; es un mapa estratégico. Su utilidad depende de quién lo lea y para qué.

El proceso de identificación

Paso 1 — Mapeo por área. Empieza por entrevistar a las áreas clave: legal, I+D, marketing, tecnología, comercial, operaciones. Cada una "ve" un tipo distinto de intangibles. Legal conoce los registros formales, I+D conoce las patentes y los desarrollos técnicos, marketing conoce los signos distintivos en uso, tecnología conoce el software, comercial conoce las relaciones contractuales valiosas.

Paso 2 — Revisión de registros formales. Cruzar la información con los registros oficiales: oficinas de propiedad industrial (INDECOPI en Perú, SIC en Colombia, IMPI en México), oficinas de derecho de autor, registros mercantiles. Esto te dice qué activos tienen ya protección formal y cuáles solo existen "de hecho".

Paso 3 — Identificación de no-registrados. Aquí está el trabajo más interesante: identificar los intangibles que tienen valor económico pero que no han sido formalizados. Software desarrollado sin registro, secretos industriales sin protocolo, know-how documentado pero no protegido. Decidir qué proteger formalmente es una decisión estratégica posterior.

Paso 4 — Categorización y priorización. Cada activo identificado debe categorizarse (qué tipo de PI es) y priorizarse según su contribución estimada al negocio. Esta priorización es la base para decidir dónde invertir en protección, en valoración técnica y en gestión activa.

Errores frecuentes

  • Confundir registro con valor. El hecho de que una marca esté registrada no la hace valiosa; el hecho de que no esté registrada no la hace inexistente. La identificación debe captar ambas dimensiones.
  • Dejar fuera el software interno. El software que la empresa usa internamente para operar suele tener valor económico significativo, especialmente si es desarrollado a medida. Debe entrar al inventario.
  • Olvidar los secretos. Como no hay un registro público, los secretos industriales tienden a no aparecer en inventarios. Pero son a menudo el activo más estratégico de empresas industriales o de servicios técnicos.
  • Tratar el ejercicio como puntual. El inventario debe actualizarse al menos anualmente, idealmente como parte del proceso de cierre contable.

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